El retraso diagnóstico en un ictus se considera negligencia médica cuando el hospital o el profesional de la salud no activa el Código Ictus o demora algunas pruebas esenciales como el TAC, la resonancia o una valoración neurológica, causando un daño que podría haberse evitado con el protocolo de actuación debida.
Esta situación priva al paciente de la llamada «ventana terapéutica” para tratamientos de reperfusión (periodo de tiempo crítico tras el ictus que puede evitar secuelas graves como daño cerebral irreversible, o incluso la muerte).
En medicina de urgencias, existe una máxima incuestionable: «el tiempo es cerebro», donde cada minuto que una persona permanece sin flujo sanguíneo en una zona del cerebro, supone la pérdida irreversible de millones de neuronas. Por ello, el éxito de un tratamiento ante un accidente cerebrovascular no depende solo de la técnica, sino de la rapidez y el rigor del diagnóstico con el que se actúa en este momento crucial.
Como abogados expertos en negligencias médicas, la mayoría de los casos ganados no se han centrado en el suceso del ictus en sí, sino en una mala gestión de los tiempos en el servicio de urgencias.
¿Cuándo existe negligencia médica por retraso en el ictus?
La negligencia ocurre principalmente cuando se produce una pérdida de oportunidad terapéutica. Este concepto jurídico significa que, aunque no se pueda garantizar que el paciente se hubiera recuperado al 100%, el retraso en el diagnóstico le ha privado de la posibilidad de acceso a un tratamiento (como la fibrinólisis o trombectomía) que habría minimizado las secuelas.
Los fallos más frecuentes que se detectan en la práctica son:
- Falta de identificación de los síntomas del ictus, como debilidad en la mitad o una parte del cuerpo, dificultad para hablar, pérdida de visión, que son claros indicadores de la existencia de ictus por los facultativos.
- No activar el Código Ictus ante síntomas evidentes en el triaje (proceso de valoración en urgencias según la gravedad o estado del paciente).
- Tener un fallo para administrar el tratamiento adecuado. Aunque se haya diagnosticado el ictus, la tardanza en la administración del tratamiento adecuado como la trombectomía, y una falta de decisión rápida y acertada puede aumentar el daño cerebral.
- Retrasos injustificados en el traslado del paciente a la unidad de rayos.
- Inexistencia de un neurólogo de guardia que valore la urgencia.
Datos y estadísticas: el impacto del factor tiempo en España
Incluir cifras oficiales permite entender la magnitud de un error diagnóstico del ictus. Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN):
- Primera causa de discapacidad: cada año en España se producen 90.000 nuevos casos de ictus y más de 23.000 fallecimientos. El ictus es la primera causa de discapacidad adquirida en adultos y la primera causa de muerte en mujeres.
- El tratamiento temprano es vital: si un paciente se trata en las primeras horas, la probabilidad de recuperarse sin secuelas graves aumenta considerablemente.
- Impacto por minuto en el retraso: Por cada minuto de demora en el diagnóstico, se pierden aproximadamente 2 millones de neuronas.
4 pruebas esenciales para diagnosticar un ictus a tiempo
Aunque hay otras causas, como la rotura de un vaso sanguíneo, la mayoría de los casos de ictus, alrededor del 85%, se producen por ictus isquémico, es decir, suceden debido a que un coágulo de sangre obstruye una arteria, e impide que el oxígeno llegue hasta una parte del cerebro. Es lo que se conoce más comúnmente como infarto cerebral.
Para determinar si ha existido una mala praxis, es fundamental auditar si el hospital o el facultativo realizó las siguientes pruebas dentro de los protocolos establecidos:
1. TAC craneal inmediato
Puede ser una primera línea para preparar la defensa. Su objetivo primordial no es solo confirmar el ictus, sino diferenciar entre un ictus isquémico (obstrucción) o hemorrágico (derrame). Esta distinción es crítica ya que el tratamiento para un caso, podría resultar contraproducente para otro. Un TAC con determinado tiempo retraso desde la llegada, puede ser indicio de negligencia.
2. Angio-TAC (angiografía por tomografía computarizada)
Esta prueba es crucial para visualizar las arterias cerebrales, detectar oclusiones y pautar el tratamiento de reperfusión. La no realización o retraso puede ser objeto de mala praxis.
3. Resonancia magnética
Aunque el TAC es más rápido, la resonancia es mucho más precisa para detectar daños isquémicos en fases muy tempranas, que pueden pasar desapercibidos en el escáner inicial. En muchos casos de retraso diagnóstico de ictus, la omisión de una RM cuando los síntomas persisten y el TAC es dudoso, constituye una falta de diligencia profesional.
4. Valoración por el neurólogo de guardia
El diagnóstico del ictus no es solo la prueba diagnóstica, también es clave una evaluación clínica del facultativo. La presencia o la consulta inmediata con un neurólogo es la que permite decidir la estrategia de reperfusión:
- Fibrinólisis intravenosa: la disolución química del trombo (ventana terapéutica de unas 4.5 horas, que es el tiempo límite crucial desde el comienzo de los síntomas para administrar fármacos que disuelvan el coágulo cerebral, cuyo objetivo es conseguir mejorar la recuperación funcional y reducir la discapacidad).
- Trombectomía mecánica: extracción física del trombo (ventana ampliada de hasta 6 horas desde el inicio de los síntomas.
Si el hospital carece de neurólogo o no consultó con el centro de referencia, el paciente puede perder su ventana de recuperación.
La peritación: estrategia de defensa legal
En las demandas que tramitamos en toda España por negligencia médica en casos de ictus, es determinante la peritación que sea capaz de establecer una relación de causalidad entre la negligencia y el daño. Para ello recurrimos a la experiencia de los peritos, a las guías clínicas y a diferentes estudios estadísticos.
Hay que tener en cuenta que un protocolo o guía de actuación que recomienda un proceso diagnóstico y terapéutico, está respaldado científicamente como medio cuyo último objetivo es evitar grandes daños y secuelas, y en última instancia, el fallecimiento.
Si has sufrido un ictus, o eres familiar y sospechas que se cometió mala praxis, es probable que te encuentres ante un caso indemnizable. La gestión de los tiempos debe quedar reflejada en el historial médico, y nuestro trabajo es auditar cada minuto de ese registro.