11 de junio de 2026 Artículos y análisis 6 min de lectura
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En esta tercera parte de nuestra guía sobre negligencias que surgen más frecuentemente en el parto, te explicamos en qué documentos clave debes fijarte, es decir, qué datos suelen revelar y dejar constancia de que algo no se hizo conforme a la Lex Artis (el conjunto de normas y buenas prácticas profesionales).

Cuando una familia sospecha que se ha producido una actuación médica susceptible de considerarse incorrecta durante el alumbramiento, el primer paso y cauce legal es siempre el mismo: analizar a fondo la historia clínica. Se trata de un documento que además de ser el registro burocrático, es una especie de «caja negra» del paritorio. En él quedan registradas de forma cronológica todas las decisiones, las omisiones y las constantes vitales de la madre y del bebé.

Sin embargo, para una persona sin conocimientos médicos, es decir, la mayoría de los pacientes y sus allegados, las cosas cambian. Enfrentarse a cientos de páginas llenas de tecnicismos puede ser abrumador.

El derecho a la historia clínica completa

Antes de analizar los datos, es fundamental saber que, por ley, los pacientes tienen derecho a obtener una copia íntegra de su historial. Esto incluye tanto a la sanidad pública como la privada.

Muchas familias nos transmiten su frustración porque el hospital les entrega un simple informe de alta, pero ese documento es insuficiente.

Para poder realizar una valoración pericial (un estudio técnico realizado por un médico especialista en daño corporal) que determine si hubo negligencia, es necesario solicitar la historia clínica completa, la cual debe incluir de forma obligatoria los documentos que detallamos a continuación.

Los 4 documentos críticos donde se oculta la mala praxis

A la hora de revisar el expediente, desde el equipo legal ponemos el foco en cuatro apartados específicos. Aquí es donde se suelen detectar las contradicciones o los retrasos fatídicos:

1. El registro cardiotocográfico (RCTG)

Como adelantamos en la primera parte de esta serie, el RCTG, que se conoce como “monitores” o «correas”, es el gráfico que mide el latido fetal y las contracciones uterinas. Es la prueba clave.

  • Qué se intenta localizar: desaceleraciones repetidas en la frecuencia cardíaca del bebé (caídas del ritmo cardíaco) o una variabilidad «silente» (línea casi plana).
  • La señal de alerta: si el registro muestra patrones sospechosos o patológicos (pérdida de bienestar fetal), y el personal médico tardó horas en indicar una cesárea urgente, estamos ante un indicio claro de negligencia por diagnóstico tardío.

2. El partograma

Es una herramienta visual (un gráfico) donde la matrona o el ginecólogo anotan la evolución de la dilatación cervical y el descenso del bebé en relación con el tiempo.

  • Qué se busca: en este caso, líneas de alerta o de acción superadas. El partograma tiene unos márgenes estandarizados por la SEGO (Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia). Si el parto se estancó durante muchas horas y no se tomaron medidas de solución, el documento lo reflejará visualmente.
  • La señal de alerta: anotaciones sobre la administración de oxitocina sintética sin que se registre una monitorización paralela que controle que no se está produciendo una hiperestimulación del útero.

3. La hoja de evolución médica y de enfermería

Es el diario del paritorio. Aquí el personal debe apuntar de su puño y letra (o de forma digital) cada evento relevante, las llamadas al médico de guardia y las respuestas obtenidas.

  • Qué se intenta localizar: incongruencias horarias. Es muy frecuente encontrar que la hoja de enfermería describe un estado alarmante del paciente a una hora concreta, pero el ginecólogo no aparece firmado hasta una o dos horas después.
  • La señal de alerta: modificaciones a posteriori, textos tachados en la hoja, o descripciones contradictorias entre lo que anotó la matrona y lo que firmó el médico.

4. El informe de recepción neonatal (test de Apgar y pH de cordón)

El test de Apgar es el registro clínico a través de una evaluación rápida estándar, que se realiza al bebé cuando ha nacido y que documenta la atención inmediata del recién nacido. Un reconocimiento exacto del estado del bebé entre el minuto 1 y 5 tras el alumbramiento.

  • Qué se busca: el pH de la arteria umbilical. El pH normal suele ser mayor o igual a 7,20. Un pH inferior a 7.00 es el indicador clínico de que el feto ha podido sufrir una acidosis (acumulación de ácido en la sangre por falta de oxígeno) profunda.
  • La señal de alerta: un test de Apgar muy bajo (que generalmente se suele determinar entre menor o igual a 3, pero hay que leerlo y analizarlo detenidamente en el contexto de cada caso, acompañado de otros signos, datos clínicos o síntomas que puedan ser indicativo de sufrimiento fetal. No obstante, no puede interpretarse de forma independiente, puesto que se trata de un test en muchos casos impreciso y con un elevado componente que conlleva a subjetividad.

Asimismo, la ausencia de una analítica del pH de cordón en el historial puede ser bien: por mala praxis – debió hacerse y no se hizo – o bien por ocultación, dado que el dato que arroja este tipo de prueba en muchos casos es determinante para valorar si existió o no mala praxis.

3 errores o patrones sospechosos que delatan la mala praxis

Cuando analizamos la documentación con los peritos médicos, existen ciertos patrones que se repiten con frecuencia, y que encienden todas las alarmas jurídicas:

  1. El «vacío documental» o las hojas en blanco: es decir, momentos críticos del parto (por ejemplo, los 30 minutos previos al expulsivo) donde no existe ni una sola anotación médica, a pesar de que el estado de la madre o del feto requería vigilancia continua.
  2. Uso de instrumental que no denotan dificultad. Son las anotaciones que mencionan el uso de fórceps, ventosa o espátulas como un procedimiento rutinario, pero que coinciden con lesiones posteriores severas (fracturas de clavícula, parálisis braquial obstétrica). Para que el uso de instrumental sea legal, debe estar rigurosamente justificado por el fracaso del expulsivo o porque requiere de urgencia para el feto.
  3. Falta del consentimiento informado. Si se aplicaron técnicas de riesgo (como la polémica y desaconsejada maniobra de Kristeller, o el propio uso de instrumental) sin que exista un documento de consentimiento firmado por la madre —o la justificación de una urgencia vital extrema que impidiera firmarlo—, se incurre en una vulneración de los derechos del paciente que facilita la reclamación.

¿Qué hacer si se sospecha que el historial ha sido alterado?

Una de las mayores preocupaciones de las familias es la posibilidad de que el hospital «maquille» o modifique el historial clínico para protegerse, tras un resultado con un mal desenlace.

Con la implantación de la historia clínica digital, esto es mucho más difícil, pero no imposible.

Cada acceso, modificación o borrado en un sistema informático hospitalario deja una huella digital inalterable (registro de auditoría o log).

Si detectamos incongruencias graves en las fechas, las horas o las firmas del historial que te ha entregado el centro, desde Carriedo Legal podemos solicitar judicialmente el acceso a los servidores informáticos para verificar exactamente qué se escribió, cuándo se escribió y quedó fijado el registro, e incluso quién lo modificó.

Conclusiones: el valor de un análisis pericial a tiempo

Identificar una negligencia médica en el parto a través del historial clínico no es una tarea fácil para las familias. Requiere cruzar el umbral de la normativa aplicable, con los protocolos médicos de la SEGO vigentes en el momento del nacimiento.

Solicita tu copia íntegra de la historia clínica y ponte en manos de abogados especialistas en negligencias médicas para realizar un estudio de viabilidad sin compromiso.

Preguntas frecuentes

  • ¿Qué documento es el más importante para demostrar una negligencia en el parto? El registro cardiotocográfico (RCTG), ya que mide en tiempo real el latido fetal y las contracciones uterinas, pudiendo detectar, en caso de que suceda, el sufrimiento del bebé.
  • ¿Qué datos del historial clínico confirman la falta de oxígeno del bebé? Un pH de cordón umbilical inferior a 7.00 y un test de Apgar bajo (menor de 5) en los primeros minutos de vida.
  • ¿Se puede pedir la historia clínica si el parto fue en un hospital privado? Por supuesto que sí, el derecho a la historia clínica completa está garantizado por ley tanto en la sanidad pública como en la privada.

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Si tras dar a luz notas que las explicaciones del equipo médico no coinciden con las secuelas de tu bebé o las tuyas propias, el tiempo es un factor en contra debido a los plazos de prescripción legal. 

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